Motagua Levantó vuelo en el Nacional

Tantas cosas para ver que el juego en sí era más que una apertura envidiable en Tegucigalpa. El regreso de Amado para jugar con su club.

El retorno de Primi para dirigir a su equipo del alma… Y Sergio Mendoza volvía a pisar terreno de juego tras un año de castigo.

Y había más. Canales volvió a tomar el suéter de titular, Cabrita se encontró con un hueco en el once de inicio… y al final todo se conjugó para hacer una sinfonía suave, letal y dominante.

Motagua se deshizo del Real Juventud bajo la misma tónica de los equipos de Maradiaga. Con planteles que dominan los juegos, que ahogan las bondades del contrario e insisten, insisten e insisten hasta lograr el objetivo.

EN EL BANCO…
Motagua entró al juego con algunas reservas. Mendoza en el banco, el Pulgarcito también en ese lugar de espera y con Shannon Welcome, como opción a las cartas ofensivas de Diduch y Cabrita.

Las tres cartas que le cambiarían la historia al choque tuvieron que esperar más de 60 minutos para hacer feliz al pueblo azul reunido en el Nacional.

¡Y DE QUE MANERA!
A un bien paradito Real Juventud, en los 32 minutos de inicio, Motagua tuvo que jugarle con mucha actitud, con alma, vida y, en cierto momento, hasta con el corazón.

Porque no siempre los grandes tienen al toro por los cuernos o la sartén por el mango. Hay ocasiones en que los chicos sueñan, se plantan, juegan a morir y a veces sólo se despiertan de ese momento de ensueño cuando las piernas fallan o el equipo no da para más.

Primero, al Real Juventud le fallaron las piernas y aunque se pudo reponer al 1-0 de Cabrita establecido mediante tiro de esquina a los 33 minutos, también es cierto que Motagua se regaló un poquito apenas a los seis minutos del reinicio.

DE POBRE
Justo cuando el Azul trataba de reacomodarse, un arranque mortal del Cabecita Arzú y su rezago de la muerte, le dejaron al Puma Grant marco abierto para que estableciera el 1-1. Minuto 51.

Después, Amado Guevara tomaría las riendas del club y empezó a gestar como en sus mejores tiempos y así Cabrita tuvo dos claras, Shannon encontró espacios y el Pulgarcito se movió con inteligencia.

En un servicio genial del Lobo, Cabrita se desprendió como mediapunta y jugando en equipo cedió a un Shannon que llegó destapado para poner el 2-1.

“Fue algo grandioso, no podía creerlo cuando me dio la pelota y sólo llegué a cerrar”, diría Shannon al final del compromiso.

El cierre fue casi un monólogo futbolístico, con un Motagua sobre el rival y un equipo visitante sin piernas, sin aire y sin respuesta.

Cabrita se encontró una pelota en el área y tuvo tiempo para poner el balón, lejos de un Sandro Cárcamo mudo, paralizado e impotente ante la precisión del brasileño.

“Es lindo hacer dos goles y hace mucho que no sentía esa emoción en Motagua”, refirió Marcelo Cabrita, casi sin habla, al final del choque que le dio los tres primeros puntos al Azul en la nueva era de Maradiaga, Guevara, Mendoza y hasta el mismo Cabrita.

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